Un mejor aire es tarea de todos

28 de Junio del 2016
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Por: Redacción Vida y Salud. Mucho se ha hablado sobre la pésima calidad del aire en el Valle de Aburrá, sobre todo a raíz de la contingencia ambiental que se vivió hace un par de meses. Se sabe que en ello tiene gran incidencia el transporte y la actividad industrial. No obstante Eugenio Prieto Soto, Director del Área Metropolitana, autoridad ambiental en el Valle de Aburrá, pide trasladar esa misma preocupación y acciones a todos los ámbitos: producción, construcción, consumo, etc. Sin embargo, sí es notable cómo la cantidad de vehículos agudiza circunstancias aunadas al clima. En el anterior Fenómeno del Niño la contingencia fue tal vez de dos días; ahora fue de un mes. ¿La diferencia? 200 mil vehículos más que circulan en el Valle de Aburrá. El Dr. Prieto Soto pone como ejemplo el número de motocicletas: “pasamos de 139 mil motos en el 2005 a 710 mil (un incremento del 510%) En 1995 había 90 mil vehículos; hoy entra esa cifra cada año al Valle del Aburrá”. Un agravante para la contaminación es la constitución geomorfológica de la zona: Medellín y los municipios aledaños están ubicados en un valle. Para que los gases contaminantes sean arrastrados por los vientos deben ascender por encima de las montañas, para lo cual es necesario que la luz del sol caliente la atmósfera y haga que el aire ascienda. Pero la contaminación misma no permite que eso ocurra, por lo que ocurre el fenómeno de inversión térmica y esa masa de gases se queda atrapada en el valle. La divulgación de esta realidad le apunta a que cada persona y empresa tome conciencia del impacto que su actividad genera en los diferentes factores ambientales; mida y controle su huella ecológica (gasto de agua, demanda energética y de combustible, generación de carbono). Crecimiento desbordado En 1965 la población de Medellín era de un millón de habitantes; en la actualidad es de más de tres millones 500 mil. Ello lleva a la urbanización incontrolada de la ladera. Según proyecciones, en 2030 la ciudad superará la cota de la pendiente, por la parte nororiental, y empezará a extenderse hacia el oriente. Esto incrementa el riesgo de deslizamiento y la problemática ambiental. Por otro lado, al crecer la población, aumenta la demanda. “Cada vez requerimos más agua, más energía, más materiales y generamos más residuos, más contaminación hídrica y atmosférica; tenemos más vulnerabilidad climática, más pérdida de áreas verdes y de pluviosidad; más problemas de salud pública, más costos de servicios públicos y más déficit de espacio público; y es una ecuación al revés: tendremos menos competitividad económica y social, menos calidad de vida para la población”, advierte el directivo ambiental. ¿Y el agua qué? Un asunto neurálgico es el cuidado de las fábricas de agua, los páramos, que están fuera del Valle, pero sin cuyo recurso será imposible surtir los acueductos del territorio. “Yo les dije hoy en el Concejo y se quedaron callados… ¿cómo estamos respondiéndoles a los páramos, a las fábricas de agua? no dicen nada… No les preocupa sino el Plan de Desarrollo cómo invierte aquí, en Medellín. Pero cuando se queden sin agua se van a preocupar por los páramos”, asevera el señor Prieto Soto. El Valle de Aburrá consume diariamente 70 millones de litros de agua y genera 50 millones de litros de aguas residuales. Eso quiere decir que el 71,4% del agua está yendo a las cañerías. Se generan 15 mil toneladas por día de materiales, de ellas 10 mil corresponden a residuos de demolición y de construcción; la producción de estos mismos materiales emite un millón 200 mil toneladas de carbono al año, lo cual influye en el calentamiento y el cambio climático. Medellín lleva el 90% de los residuos al relleno sanitario, lo cual indica escasa cultura del reciclaje. Mientras tanto, los medellinenses se quejan, y con razón, del excesivo calor. Las ciudades tienen una temperatura ambiente seis grados por encima, debido a la impermeabilización del suelo. Un asunto de región “El problema de la movilidad no es de Medellín, sino del Valle de Aburrá, así como el del clima y el aire”, enfatiza el Director del Área, quien llama la atención sobre la pérdida del ejercicio de la planeación estratégica. Destaca iniciativas como ‘Medellín cómo vamos’, pero lamenta que ya no exista el Planea (Plan Estratégico de Antioquia) ni plan estratégico para Medellín. Se requiere definir indicadores a largo plazo, que se pacten mediante acuerdos de los actores en el territorio. “Esto no lo va a solucionar una persona, ni un alcalde, ni un concejo, ni un gobernador; tiene que ser un acuerdo social. Por eso hemos propuesto que hagamos un acuerdo regional por el desarrollo sostenible. Una política de largo plazo, que tenga compromisos, indicadores y metas que sean seguibles”, asegura. Pero ese pacto no se puede quedar en la calidad del aire, sino que debe incluir los recursos hídricos, los árboles, el ruido, la convivencia, etc. Para subsanar la situación, el Área está empeñada en la construcción del Plan Estratégico Metropolitano de Ordenamiento Territorial, que replanteará el futuro del desarrollo de la ciudad-región, respetando la autonomía territorial pero acompañando y proponiendo sobre cómo planear y ejecutar, con el ser humano como centro de toda acción. El directivo metropolitano advierte que debemos pensar en las futuras generaciones; si en 50 años tendrán que andar con máscaras, ojos llorosos y pulmones llenos de hollín; sin agua y sin bosques porque no fuimos responsables en el manejo del medio ambiente. En el momento, todo se analiza según los intereses de los clúster o sectores productivos, pero si no se tiene claridad de cómo se relacionan las personas con el territorio, será imposible construir los escenarios adecuados. Lo importante no es que las empresas sean productivas y competitivas, sino que los territorios lo sean, y ello se logra si hay equidad, educación y capacidad para concertar. Soluciones El reto es mundial. Ante él, algunos países están tomando medidas como: limitar, delimitar, proteger y conservar. Otros, para controlar, aplican tasas, impuestos y contribuciones. Llegará el momento en que quien quiera ir al centro de la ciudad en vehículo tenga que pagar un impuesto, mediante un chip que controle el acceso vehicular, tal como sucede en urbes desarrolladas. Pero primero se le debe garantizar al ciudadano transporte público suficiente y de calidad. El Área Metropolitana del Valle de Aburrá le apuesta a modificar el bajo nivel de articulación y de concertación, para lograr el desarrollo sostenible y sustentable, la equidad humana y territorial, la convivencia y la paz. La tríada público – privado – social debe avanzar con unos mismos objetivos de desarrollo sostenible. El funcionario metropolitano destaca las bondades del modelo: “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. En lo social: incentivar, promover y educar; en el mercado: tasas, contribuciones, impuestos y compensaciones.

Consecuencias de la contaminación del aire Ana Rosa Moreno Sánchez, miembro del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de México, citada por la periodista Lau Martínez en salud180.com, indica que la exposición crónica a contaminantes atmosféricos causa, en el mediano o largo plazo, reducción de la función pulmonar, lo que hace que la respiración no sea tan profunda y vigorosa. Según la especialista, los golpes de calor y las contingencias ambientales, tal como la que se vivió hace dos meses en el área metropolitana, traen graves consecuencias para la salud, especialmente para los adultos mayores y los niños. En general, la contaminación reduce la resistencia a resfriados o a cualquier otro tipo de infección en vías respiratorias y puede acelerar, a largo plazo, el envejecimiento del tejido pulmonar. Incluso el material microparticulado, menor de 2,5 micras, puede traspasar la pared alveolar, ir al torrente sanguíneo y causar cáncer y enfermedades cardiovasculares o generar crisis asmáticas y alérgicas.











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