Salud: ¿derecho o mendicidad?

4 de Mayo del 2016
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Son comunes las muertes por falta de atención médica oportuna. Los recursos legales, como demandas, derechos de petición y tutelas, se cuentan por miles, aunque se quedan arrumados en los archivos, esperando ser resueltos. La ciencia ha evolucionado y con ella las nuevas tecnologías; pero en lo referente a la atención en salud todavía vivimos en la prehistoria: trámites y requisitos absurdos, que retrasan los procesos de atención, como que para recibir acetaminofén, un medicamento tan común, se deban hacer filas de hasta ocho horas. Bajo el concepto solidario y subsidiario, en el que quienes devengan un salario mayor aportan más para contribuir a la atención del resto de los afiliados, entidades privadas operan el sistema de atención en salud. Es el caso de la Fundación Médico Preventiva que se presenta como una “Organización sólida, sostenible, con amplia experiencia que presta servicios de salud en diferentes partes del territorio nacional, mediante un equipo humano competente, cálido y comprometido con la atención segura y satisfactoria de sus pacientes y su grupo familiar. Trabajando en el mejoramiento continuo de procesos con el propósito de generar valores agregados a sus servicios”. Esas palabras escritas suenan muy bonito, pero maquillan una realidad completamente diferente, pues al acercarse a los puntos de atención como su sede principal, en la avenida La Playa de Medellín, se encuentra un tumulto de usuarios esperando resolver sus asuntos. Algunos tienen que esperar más de cinco horas en turno para la transcripción de una fórmula médica y, posteriormente, otras tres horas para recibir sus medicamentos.

¿Si la salud es un derecho fundamental, porque debemos mendigar para tenerla?
Como es lógico, estas situaciones colman la paciencia de los usuarios y los reclamos no se hacen esperar. Hay personas con órdenes para cirugías, quimioterapias y medicamentos esenciales atrasados meses o incluso años por “falta de recursos”. Esta situación plantea interrogantes: ¿A dónde va a parar la plata que, sin falta, descuentan mensualmente de la nómina de los usuarios?, ¿Cuántos más deben morir para que se solucione esta crisis? Las respuestas a las quejas en el departamento de atención al usuario siempre son las mismas: “Estamos trabajando en ello”, “Tiene que esperar para ser llamado”, “Ya esta en la lista de espera”, “El médico salió a vacaciones”, “No hay agenda disponible”, “Comuníquese con nuestra línea de atención” (la que por cierto nunca contestan), “Vuelva en 10 días si su problema no se ha solucionado” “La orden se ha vencido, debe volver a comenzar el proceso” (pero no hay agenda) y un sinfín de dilaciones. Envuelven a los usuarios en una sarta de evasivas y nunca dan la cara, a pesar de que sus páginas sociales viven llenas de quejas. Para contactar a los directivos o personal de rango superior existe una reja con un vigilante que impide el paso a los usuarios. Parece que los empleados de atención tuvieran la instrucción de dilatar los procesos, con el fin de que el usuario, cansado de insistir y mendigar, decida buscar otras alternativas y pague la atención particular. Pero, si no se cuenta con los recursos suficientes para la atención privada de tratamientos o cirugías de alto costo, ¿Cuál será la opción? Aunque los prestadores del servicio se lavan las manos diciéndoles a los usuarios: “Usted no consultó a tiempo” o “Usted dejó vencer la orden, ya no podemos hacer nada más”, los usuarios han estado ahí, confiando en los diagnósticos que, en vez de prevenir, dan un parte más aterrador. ¿Hasta cuándo va a seguir esta situación? ¿Van a seguir lucrándose unos pocos a costa de las muertes de los usuarios que merecen una atención digna?











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