Pensando juntos sobre la juventud.

14 de Agosto del 2017
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Reflexionar sobre la juventud nos atañe a todos: los mayores para orientarla y los que la atraviesan para aprovechar mejor sus oportunidades. Juntos prepararemos un mundo mejor.

Nuestros tiempos idealizan la juventud y el resultado de ello es nuestra actual obsesión con las cirugías cosméticas, los regímenes intensos de ejercicio y la siempre aguda cuestión de estar a la moda: en otras palabras, el deseo de vernos y sentirnos jóvenes es un motor determinante de la economía, la política y la ética contemporáneas.

No obstante, nuestras fijaciones con la juventud suelen ser superficiales: lo que más nos fascina de sus integrantes es su aspecto y ciertos prejuicios –bastante favorables, por cierto- que tenemos sobre ellos. Este asunto, reforzado por nuestra actual fobia a la vejez y a la obsolescencia, nos ha convertido en una sociedad obsesionada con un grupo etario que apenas conocemos.

Reflexionar sobre la juventud tiene, en consecuencia, un atractivo inmediato para todos: solo conociendo su verdadera situación actual podemos entender el influjo magnético que ejerce sobre nosotros. Una vez aclarada esta cuestión, podremos determinar qué tanto de sus atractivos deseamos instanciar en nuestras vidas y de qué manera.

Idealmente, las conclusiones de nuestras pesquisas deben desembocar en el reconocimiento del asombro, la jovialidad y la renovación ideológica que implica el ser joven como características deseables. Y, paralelamente, debemos desdeñar la fijación con la apariencia juvenil y promover el autocuidado y la autoestima, aprendiendo a velar por nuestro bienestar mientras enfrentamos dignamente el paso del tiempo.

Esto, por cuanto respecta a los que ya no somos –tan- jóvenes.

De otra parte, sin embargo, las reflexiones sobre la juventud deben beneficiar a los individuos que actualmente la atraviesan: los jóvenes entre 12 y 20 años aproximadamente que con su formación y acción reforman constantemente su propia existencia y construyen el mundo del futuro.

Ser joven hoy, como en todos los tiempos, es un arduo reto. Además de su dimensión biológica que los satura de hormonas, anhelos y experiencias, los jóvenes del presente deben responder a las exigencias de la sociedad que cada día demanda mayor madurez y asertividad de parte de personas en proceso de formación.

La exacerbación de los procesos comunicativos ha expandido los horizontes de la juventud, acercándolos a oportunidades educativas, culturales, deportivas y sociales. Pero, simultáneamente, esta abundancia de posibilidades conlleva a que cada vez sea más difícil tomar decisiones definitivas y asertivas, pues cada elección implica una renuncia a un anhelo o deseo.

A la vez, nunca en el pasado habíamos contado con tal cantidad de oportunidades para que los jóvenes intervengan activa y positivamente en su salud y bienestar: internet, las aplicaciones móviles, los blogs, foros y chats son herramientas prácticas para empoderar a los jóvenes sobre su propia existencia.

Esta plétora de recursos puede, no obstante, convertirse en un arma de doble filo, pues su uso irresponsable puede convertir los procesos formativos en ocasiones para el desequilibrio y alteraciones de salud física y mental. Solo con intervenciones activas y multidisciplinarias –que no desdeñen el cuerpo, la mente, ni la sociabilidad- podemos maximizar el capital humano en formación que son los jóvenes.

El reto que enfrentamos en el presente nos atañe a todos y para enfrentarlo nada mejor que actuar conjugadamente. Los mayores debemos apropiarnos de las ventajas de la madurez y la experiencia para, con ello, sentirnos cada día mejor por las acciones que nos hacen florecer y desbordarnos en cuidado hacia los demás y, en especial, hacia la comunidad de jóvenes en formación que recibirá nuestro legado. Y los jóvenes, beneficiarios de este influjo positivo, deben aprender de las lecciones de los mayores sin por esto desdeñar las oportunidades que les ofrece el presente: un mundo abierto e interconectado que ellos mismos se encargarán de mejorar.

 

 











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