Medellín: El reto de ser la ciudad

24 de Noviembre del 2017
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Medellín es un fenómeno global que cada día adquiere más visibilidad e incrementa los ingresos derivados del turismo. ¿Qué tanta continuidad tiene la excelencia de La Ciudad Más Innovadora Del Mundo?

 

Por: Vida y Salud


Cuando en 2013 Medellín recibió el premio Ciudad Más Innovadora Del Mundo, otorgado por Citi Group y Wall Street Journal, la mirada de las audiencias globales se enfocó positivamente sobre este valle donde antes solo resaltaba la violencia y la inequidad. Pero, ¿qué significa recibir este galardón y que retos plantea para el futuro de nuestra urbe?

En primera instancia es pertinente recordar las condiciones en que Medellín recibió tan alto honor. Inicialmente 200 ciudades globales entraron en la competición, que fue reduciéndolas poco a poco hasta llegar a 25. Luego, en una votación pública de internet, Medellín fue seleccionada como la ciudad más innovadora, superando a Nueva York y a Tel Aviv que ocuparon las posiciones siguientes. Estas circunstancias nos obligan a admitir que esta situación puede ser más mediática que científica, pues el orgullo y el apego paisa a la ciudad pudieron estar detrás de esta votación masiva. Sin embargo, la situación es más compleja.

 

Además de la votación pública, el reconocimiento de Medellín tuvo en cuenta un puntaje otorgado por el Urban Land Institute (Instituto de Terrenos Urbanos), que fue el tercer aliado del certamen y que reconoció que la transformación urbanística de Medellín intervino positivamente el desarrollo social de zonas marginadas, la merma de la criminalidad, la inclusión de nuevas áreas en servicios públicos, la reducción de la huella de carbono y la expansión de las oportunidades educativas y culturales. Detengámonos en estos puntos pues, ¿cómo es posible que en materia de cultura, equidad y ecología Medellín le “gane” a ciudades como Nueva York o Tel Aviv?

 

Medellín ha sabido aprovechar el instante oportuno y la coyuntura histórica de haber sido una de las ciudades más violentas y desiguales del mundo para desarrollar proyectos necesarios y positivos que, además, resuenan con especial volumen en un mundo que solo esperaba malas noticias sobre esta urbe

 

La primera clave radica en la palabra “transformación”: Medellín ha sabido aprovechar el instante oportuno y la coyuntura histórica de haber sido una de las ciudades más violentas y desiguales del mundo para desarrollar proyectos necesarios y positivos que, además, resuenan con especial volumen en un mundo que solo esperaba malas noticias sobre esta urbe. La segunda clave radica en la palabra “innovación”, pues claramente es más fácil innovar en un terreno inhóspito del tercer mundo —tierra más fértil para el cambio y el mejoramiento— que en una metrópolis del primero donde ya se han llevado a cabo todas las iniciativas concebibles. Esto no le resta mérito a Medellín, claro está. Por el contrario, son dignos de elogio tanto el hecho de haber sabido aprovechar la circunstancia para resaltar mediáticamente, como la innegable veracidad de que los cambios urbanísticos han repercutido favorablemente en la vida de los ciudadanos.

 

Los proyectos que determinaron que Medellín triunfara han cambiado la imagen de la ciudad y la cotidianidad de sus habitantes. A nivel de movilidad, las escaleras eléctricas de la comuna 13, el Metro, el Metroplus, los Metrocables, el Tranvía y el programa EnCicla han dinamizado el transporte en la ciudad. Respecto a educación y cultura, las UVAs, los Parques Biblioteca, el Parque Explora, el internet gratuito en lugares públicos y las Olimpíadas del Conocimiento han promovido el cultivo de las destrezas intelectuales y el encuentro social en espacios que brindan oportunidades de superación. Y, en términos urbanísticos, proyectos como Parques del Río, Plaza de la Libertad, Parque de los Pies Descalzos, Parque de los Deseos o Jardín Circunvalar han recuperado espacios para el disfrute público y la recuperación de zonas privilegiadas que estaban en una situación de abandono deplorable. Similarmente, construcciones como el Edificio Inteligente, Ruta N o el nuevo edificio de la Empresa de Desarrollo Urbano, han demostrado la posibilidad de conjugar en arquitectura la tecnología, la ecología y la estética.

 

Los retos para el presente, sin embargo, son dar continuidad a los éxitos pasados, no solo para no dormir sobre los laureles, sino para no perderlos por indolencia. Los problemas ocurridos con la fachada de la Biblioteca España, las lides interminables sobre las futuras expansiones de Parques del Río y la penuria en que se sumen las bibliotecas y museos municipales, son síntomas de que la ciudad más innovadora del 2013 va perdiendo liderazgo a causa de problemas administrativos y, de manera más preocupante quizás, debido a rencillas y soberbias políticas. Y esto por no hablar de las contingencias ambientales, tan frecuentes que ya se sienten casi cotidianas, que no deberían ocurrir en una ciudad que se precia de tener un excelente servicio de transporte público.

 

El orgullo paisa puede convertirse, por tanto, en un arma de doble filo. Seguir creyendo que Medellín es una “verraquera” insuperable nos hace quererla mientras acrecienta la pertenencia pero, a la vez, puede impedirnos en ocasiones notar nuestros propios fallos, darles la cara y solucionarlos.

 











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