La actividad física florece en algunos parques

1 de Agosto del 2016
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Los parques son espacios naturales para la recreación, el esparcimiento y el disfrute, tal como sucede en El Triángulo, ubicado en el barrio La América.

Por: Redacción Vida y Salud.

 

Como definición de parque podemos indicar que es un espacio ubicado dentro de una zona urbana, constituido por prados, jardines y árboles, y que es útil para el esparcimiento y la recreación de los ciudadanos. Sin embargo, en nuestras urbes estos lugares han caído en descuido y abandono o han sido tomados para actividades diferentes, como el consumo de alucinógenos, para que las mascotas hagan sus deposiciones o como hábitat de personas en situación de calle. Por eso, se convirtieron en sitios inseguros, desaseados que no inspiran confianza para que la ciudadanía los disfrute.

Pero, en ocasiones, la comunidad se apropia de ellos y los usufructúa, a partir de iniciativas particulares. Así ocurre en el parque El Triángulo, del barrio la América de Medellín donde, cuatro noches de la semana, un grupo de personas se da cita para hacer aeróbicos.

Los parques son espacios no solo para el descanso y la socialización, sino para la práctica del ejercicio físico.

La líder de este proyecto es la entrenadora física Lucía Montoya. Tras el cierre de su propio establecimiento de acondicionamiento físico, algunos alumnos la buscaron y le propusieron realizar las sesiones de entrenamiento en el parque cercano. Así, hace algo más de un mes, se congregaron unas cinco personas para iniciar sus rutinas. Pronto llegaron a casi medio centenar de personas, entre niños, jóvenes y adultos, quienes todas las semanas, de lunes a jueves, se reúnen durante una hora y cambian el aspecto de un parque solitario, donde la mayoría de la gente solo sale a pasear con sus mascotas, por un lugar lleno de energía. Al compás de la música, los practicantes mueven sus cuerpos y contagian a los transeúntes, quienes se acercan para preguntar cómo pueden integrarse al grupo.

Al final de cada sesión, la activa y nutrida participación y una propina voluntaria es la recompensa que recibe Lucía. Hacia las ocho de la noche, una vez termina la rutina de aeróbicos, el parque vuelve a quedar solitario y silente. Pero esta experiencia es prueba irrebatible de que no existen límites ni obstáculos para realizar actividad física, de que “cuando se quiere se puede” y de que para hacer ejercicio no es necesario asistir a un gimnasio.

Los jóvenes, sin duda, son los más entusiastas en el intento por aprovechar el potencial de estos espacios, como lugares de esparcimiento y reencuentro con la naturaleza, y en demostrar que con pocos recursos se pueden realizar actividades en beneficio de la salud y para motivar a la comunidad a volver al parque.

 











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