Imagen corporal y autoestima

4 de Mayo del 2016
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Por: Luz Elena Uribe Sierra. Psicóloga clínica. Existen múltiples causas para sufrir un cambio de la imagen corporal; lo importante es que ni la frustración, ni la presión social impidan buscar una solución “sana”. Haremos referencia a la definición de Rosen (1992), relacionada con la imagen corporal, y retomando un trabajo de Arguello, Leyre y Romero, Irene sobre la tesis del Trastorno de la imagen corporal (2012). Estas reflexiones se refieren a la toma de decisión frente a la conservación y aceptación de la imagen corporal o a la tiranía del ser, por un cuerpo en construcción de lo perfecto. ¿Quién tendría el poder para decidir lo perfecto? Según Rosen, la imagen corporal hace referencia a la manera como uno percibe, imagina, siente y actúa frente a su propio cuerpo. Ello incluye aspectos perceptivos (precisión con que se percibe el propio cuerpo, lo cual puede provocar situaciones de subestimación, al centrarse principalmente en el tamaño y la forma de nuestro cuerpo y sus partes), subjetivos (insatisfacción, preocupación y ansiedad que provoca en el sujeto su imagen corporal) y aspectos conductuales. En lo relacionado con lo perceptivo, las personas con un problema del esquema corporal suelen distorsionar las medidas de su cuerpo, sin que realmente exista un problema visual real. Referente a lo subjetivo, el problema no es lo corporal, sino la concepción que se tiene del propio cuerpo. Cuando se altera este nivel, la persona siente preocupación intensa frente a su parte corporal, creencias irracionales y autoverbalizaciones negativas. En lo conductual, el interés y la preocupación giran en torno a su imagen corporal. La persona gasta cantidad de horas contemplándose en el espejo, intentando aceptar su “defecto”, ya que tiende a compararse con otros.

Una persona no se convence de que tiene una imagen corporal negativa de un día para otro, es en el tiempo que se refleja el centro de su existir.
Autoestima, más que apariencia Todo lo anterior influye en la autoestima, que para la Psicología es la opinión emocional que los individuos tienen de sí mismos, es decir, el conjunto de rasgos corporales, mentales y espirituales que forman la personalidad. En lo relacionado con lo emocional, las personas pueden experimentar reacciones apropiadas o perturbadoras. Las apropiadas, en función del cuidado personal, tristeza o enfado. Las perturbadoras limitan con lo patológico: ansiedad, depresión, ira, culpa o vergüenza. En este sentido, reconocer que se tiene un problema con el esquema corporal marca el desarrollo de la trampa mortal de desarrollar una autoestima baja. Lo cual, con el correr del tiempo, evoluciona a estados emocionales enfermizos que no solo crean un caos para la persona, sino para las personas cercanas: familiares, amigos, pareja, etc. Pero aún más doloroso, puede llevar a la pérdida de la vida por convertir el cuerpo en el centro de la vida cotidiana. Concientizarse de los cuidados personales, de los hábitos saludables, de verse bien, de quererse a sí mismo es parte de un cuidado integral: físico, espiritual y emocional en la unidad del ser. Cuando no te son satisfactorias las acciones que utilizas, o “ser aceptada por el cuerpo” es tan importante, comienzas a considerar tratamientos invasivos, como las cirugías estéticas, sin sopesar los riesgos quirúrgicos y, más aun, instituciones no habilitadas o profesionales no calificados. Se corre entonces el riesgo de perder la vida, por “este gordito”, “porque me vean linda”, por tener aceptación, por competencias corporales, por lograr el éxito. Pero resulta que los medios no justifican el fin.
La clave para tener una imagen corporal que favorezca nuestro bienestar, es aceptar la forma natural de nuestro cuerpo.
Si no nos detenemos a pensar cuándo traspasamos la línea de lo sano a lo dañino, le damos el control de nuestra estabilidad emocional a una serie de prácticas extremas, recetas caseras, personas o instituciones no idóneas. Así corremos el riesgo de adquirir una enfermedad o de causarnos la muerte. Debemos tomar conciencia, establecer alertas, buscar nuestro propio conflicto interior y darle una acertada solución. Una cirugía estética “caprichosa”, una dieta incorrecta o restrictiva, prácticas deportivas exageradas u obsesivas, que superan el tiempo de lo saludable, no resuelven el conflicto emocional interior. Cuidarse, acicalarse, tener hábitos alimenticios saludables y la práctica deportiva nos proporcionan bienestar personal, satisfacción, y favorecen una buena autoestima; mientras que perder el límite y la claridad, así como las prácticas insanas desarrollan una baja autoestima.











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