El joven puede enfermar. ¿Cierto?

29 de Octubre del 2015
Compartir:

Por: Md. John Jairo Bohórquez Carrillo. No son muchos los jóvenes que enferman, pero los hay. La salud del joven, como la del niño, es un privilegio: cualquier adulto la envidia. Un organismo en crecimiento tiene mil ventajas a la hora de enfrentar los retos de la vida y los desafíos biológicos y emocionales. El viejo sabe de esa desventaja biológica. Y los jóvenes enfermarían mucho menos si tuvieran menos miedo y si fueran acompañados por su entorno, cualquiera que sea. Pero el miedo cunde y el acompañamiento escasea. Miedo al futuro, a no identificarse con el modelo social que se le incrusta a través de la familia y de la escuela, miedo al desempeño económico y social… y hasta al desempeño sexual. Sus interrogantes, grandes y profundos, son respondidos por la experiencia misma, por sus coetáneos, y poco por los más “experimentados”, sus padres, profesores y demás adultos. Muchos padres de familia esperan que los educadores en las escuelas “hagan su trabajo” y éstos esperan lo mismo de aquéllos: el joven tiene que resolver, y resuelve, no siempre de la mejor manera. ¿Quién pudiera dudar del papel que juegan los padres en la formación de sus hijos? O, dicho de otro modo, ¿quién pudiera dudar del papel que juegan los padres a la hora de aparecer las enfermedades en los jóvenes? ¿Cómo dudar del origen emocional de la aparición de la drogadicción, por ejemplo? ¿Y quién puede tener un papel más importante en el juego emocional del joven que sus propios padres? Abusos verbales y físicos, a veces incluso sexuales; maltrato sostenido, conversación empobrecida o bloqueada, lenguaje imperativo, poco constructivo… no podrán generar jamás en el joven la suficiente confianza en sí mismo y en su nido como para enfrentar el mundo con soltura. Pero es difícil que padres y demás educadores reconozcan su rol. Es preferible y mucho más cómodo endilgar la culpa, por ejemplo, a los narcotraficantes, que regalan las muestras a la salida de colegios, escuelas y escenarios deportivos, con una elemental técnica de ventas, al mejor estilo de la industria farmacéutica. Medicalización y consumismo se conjugan para atrapar a las víctimas: el joven ensimismado y sin respuestas es inducido a consumir “medicamentos” que “ayudan” a calmar angustias y a escapar de una realidad difícil e incomprensible. El traficante de narcóticos, como el de medicamentos, sabe que hay un caldo de cultivo favorable; es decir, que hay un nicho de mercado, un mundo de consumidores potenciales, millones de jóvenes abandonados a su suerte. Por eso, no todos los jóvenes enferman o se vuelven adictos a narcóticos: porque viven un ambiente favorable para su formación, porque no se sienten maltratados, porque encuentran respuestas, porque reciben estímulos constantes y grandes para crecer y para hacerse capaces de vivir en una sociedad compleja y desafiante. Cuatro décadas de “guerra contra el narcotráfico” en el mundo han fracasado rotundamente porque el target, el público objetivo, el consumidor final - los jóvenes - crece sin parar. Cuando la conversación escasea o se bloquea, principalmente entre padres e hijos, se crean los traumas más profundos en el joven en su lucha por la supervivencia, que lo convertirán pronto, con una alta probabilidad, en un consumidor más.

La sociedad, la escuela, pero en especial la familia, deben ser entornos en los que las preocupaciones, anhelos e inquietudes de los jóvenes puedan tramitarse. La escucha y las respuestas adecuadas son la vacuna contra muchas enfermedades de los jóvenes de hoy, las cuales tienen causas en la incomprensión, en el maltrato y en la soledad.
Conversación escasa, lenguaje empobrecido, relaciones familiares conflictivas, es decir, pobre acompañamiento al que está en crecimiento, no pueden ser una mejor “oportunidad de negocios” para quien comercia con psicoactivos, sin importar que sea legal o ilegal. El comerciante legal ofrece sustancias. El ilegal ofrece sustancias. La ventaja del ilegal es la facilidad del acceso. Y aunque el consumo de narcóticos es una constante mundial, hay algunas particularidades en Colombia que resaltan. No solo tenemos un alto consumo entre jóvenes con una alta carga de enfermedad, sino que también tenemos una alta carga de violencia histórica, que nos hizo violentos también con el lenguaje. Semejante carga emocional hizo aún más disfuncionales las relaciones de muchas de nuestras familias, que ya tenían suficiente disfuncionalidad con su lucha por la subsistencia económica, en un país que no ha ofrecido mayores oportunidades a grandes poblaciones. Precisamos en nuestro país que tales cambios sociales y económicos, que creen las mejores condiciones posibles para la salud de los jóvenes, se inicien urgente, cuanto antes. Su aplazamiento está asegurando que el mercado del consumo de sustancias psicoactivas crezca sin parar. Mientras ello va ocurriendo, es necesario también que tratemos de mejorar, al mejor grado posible, la conversación humana, especialmente con quienes están bajo nuestra tutela. Un joven que tiene con quién conversar, lo más humano de lo humano, es un joven con mejores chances para la vida social y profesional.











Nuestros aliados

Articulos recomendados

Por una Antioquia con Cero Desnutrición
Belleza y función: Una falsa oposición
No comas cuento: Supera los mitos en salud bucal
El reto es vencer la malnutrición en Medellín
Cuidados para niños con infecciones respiratorias
La Mayorista: central de abastos agroalimentario más importante de Colombia
“Salud, Paz y Equidad Social”: Compromiso de todos

Nuestras redes sociales