Diferencias entre tristeza y depresión

28 de Junio del 2016
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Por: Redacción Vida y Salud. Según la Encuesta nacional de salud mental 2015, la depresión afecta a 19 de cada mil adultos en Colombia, con mayor frecuencia en edades que van entre los 18 a 44 años, principalmente a las mujeres y habitantes de zonas urbanas. Juan Fernando Herrera P., psicólogo y director terapéutico del Grupo IPSI, asegura que la depresión es una de las enfermedades mentales más comunes del siglo XXI. “De ahí la importancia que las personas, en su vida cotidiana, cuenten no solo con elementos (páginas web, revistas, libros, etc.) para saber de ella, sino que también puedan incluir en sus prácticas diarias espacios y acciones que propendan la salud mental y les permitan afrontar las adversidades de la vida sin entrar en estados depresivos”. ¿Tristeza o depresión? Catalina Marín Múnera, médica especialista en psiquiatría, afirma que la tristeza hace parte de la depresión, pero que no es sinónimo de estar deprimido. “La tristeza es una expresión emocional natural, en la que se conserva un funcionamiento apropiado; es de corta duración (generalmente menos de dos semanas), se experimenta ante situaciones dolorosas o negativas (pérdidas económicas, laborales, sentimentales o incumplimiento de expectativas), lo que hace al sujeto consciente de la causa, y tiene la función de indicarle que debe cambiar o solucionar lo que está afectando negativamente su vida”. Sin embargo, la tristeza puede convertirse en depresión, cuando se perpetúa, altera la manera de pensar o cuando el individuo tiene la tendencia genética a desarrollarla ante situaciones adversas. Si la tristeza se intensifica o dura más de lo esperado, se recomienda consultar al psicólogo.

19 de cada mil adultos en Colombia presenta, con prevalencia en las mujeres y personas entre los 18 y los 44 años de edad y habitantes de ciudades.
Por su parte, el psicólogo Juan Fernando Herrera define la depresión como: “la pérdida del sentido por la existencia y con ella el interés por actividades que normalmente se disfrutaban; se establece en la persona ‘un dolor por existir’, una tendencia a lo mortífero, que no necesariamente implica que una persona se suicide, pero tampoco lo excluye; sin embargo, hace que en su vida predomine un sentimiento de miseria, devaluación del mundo y lo que le rodea. En algunos casos este efecto se produce luego de la pérdida de algo significativo para la persona, puede ser material o humano, como quedarse sin trabajo, fracasar en lo académico, terminar una relación amorosa, el fallecimiento de un ser querido, entre muchas otras situaciones, frente a las cuales la persona no encuentra cómo responder para superarlas”. En otros casos, no existe pérdida real o concreta como causa de la depresión, pero la persona siente que ha perdido algo, aunque no consigue expresar qué es. Para la Dra. Catalina, “La depresión es una enfermedad que escapa del control voluntario, durante la cual se pierde el funcionamiento normal, generalmente sin una causa identificable. Se siente una tristeza patológica (profunda e intensa), que se asocia con otros síntomas como: imposibilidad de disfrutar de las cosas, disminución importante de la energía corporal, sensación de enlentecimiento (para pensar o moverse), dificultades para concentrarse o tomar decisiones, pensamientos repetitivos, excesivos e inapropiados de inutilidad, desesperanza, culpa, muerte o suicidio”. Consecuencias y respuesta Entre las consecuencias de la depresión se encuentran el descuido en la presentación personal, el riesgo de adquirir enfermedades, por alteraciones en el sistema de defensa, el aislamiento social, los problemas laborales, académicos o socio-familiares, el abuso de sustancias psicoactivas y la muerte por suicidio. El Dr. Herrera asegura: “La depresión es una enfermedad que involucra, además de quien la padece, a familiares, amigos, compañeros de trabajo o clases, jefes y, en general, al contexto social en el que la persona se desenvuelve normalmente”. Para salir del estado de depresión la persona debe, por sí misma, elaborar el duelo y continuar su vida. Pero quienes le rodean, sobre todo la familia, le deben prestar apoyo, motivarlo para busque tratamiento, acompañarlo a los controles médicos y supervisar la toma de los medicamentos. “Es indispensable informarse sobre la enfermedad y tener una buena comunicación con el enfermo. Otras formas de apoyarlo es siendo tolerante, afectuoso y comprensivo, motivarlo a expresar lo que siente, escucharlo y jamás subestimar cualquier manifestación de suicidio, llevándolo de inmediato a consultar a un servicio de urgencias”, aconseja la doctora Catalina.











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