Cómo evitar el ataque gaseoso de los fríjoles y otros granos

24 de Noviembre del 2017
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La explosión que acontece después de ingerir legumbres y granos (como los fríjoles, lentejas y garbanzos) es completamente natural, pero se puede prevenir.  ¡En serio!  Existe la vida sin gases después del grano.

Por: Silvia Méndez

 
A quién no le gustan los fríjoles?  La verdad, no he conocido al primero.  He viajado hasta la China (literalmente) y vivido en diferentes países y, al igual que la papa y el maíz, los fríjoles se encuentran todo el globo y la mayoría de las culturas los comen con deleite.  No importa su color o tamaño, los fríjoles son una fuente valiosa de proteína y fibra, nutrientes beneficiosos para los seres humanos.

 

Y, después de unos frijolitos, ¿quién no se ha visto en esa embarazosa situación, probablemente en medio de una reunión con el jefe o con un cliente, o en el gimnasio alzando una pesa, donde uno comienza a sudar frío y siente que baja la bomba fétida con velocidad sónica?  “Dios mío, ¡que no suene y que no huela!” es la oración post-fríjol por excelencia.  Y, bueno, que no suene es posible, pero ¿que no huela?: “¡Traigan las máscaras anti-gases!”

 

- ¡Es que ya no puedo comer granos!  ¡No los digiero!

 

Esta triste historia la viví en carne propia y algunos de mis clientes me lo han comentado también.  ¡No estás solo!

 

No hay nada malo con nosotros, aunque no huela así.  La explosión que acontece después de ingerir legumbres y granos (como los fríjoles, lentejas y garbanzos) es completamente natural, pero se puede prevenir.  ¡En serio!  Existe la vida sin gases después del grano.

 

Esto lo comprobé vivencialmente.  Durante los últimos 3 años, he germinado mis granos y ya se me había olvidado por completo el ataque gaseoso del fríjol. Cuando fui a la India a hacer mi curso de Yoga, me daban comida vegana --> Granos por aquí, legumbres por allá y ¡todo sin fermentar!  ¡Nooooo!  De las 10 chicas del curso, ¡TODAS estábamos podridas!  Se escuchaban pedos por todos lados, sobre todo cuando practicábamos posiciones donde nos doblábamos como un fuelle. ¡¡¡Terrible!!!  Ahora que regresé a casa, he vuelto a germinar y todo volvió a la normalidad. ¡Yessss!

 

¿Qué es lo que pasa adentro?

La razón por la cual los granos nos causan malestar es porque su piel contiene lectina y ácido fítico, los cuales protegen la semilla, pero pueden ser potencialmente dañinos para los seres humanos. Al ingerir los granos y legumbres, ingerimos estos componentes y nuestro cuerpo no tiene las enzimas necesarias para romperlos en partículas que puedan ser absorbidas a través de las paredes del intestino. Esta “babita” se pega al intestino grueso, se fermenta y ¡BOOOM!

 

El problema real es que cuando estos almidones se quedan adheridos a las paredes del intestino, éstas se deterioran y sus poros se abren permitiéndole a pedazos de comida más grandes entrar al torrente sanguíneo. El sistema inmunitario ve estos pedazos de comida como atacantes y trata de eliminarlos a toda costa. Y es ahí cuando enfermedades auto-inmunes y otros problemas aparecen, tales como la artritis reumatoide, el lupus, los problemas de tiroides, etc.

 

No todo está perdido: ¡La fitasa al rescate!

La fitasa es una enzima natural que se encuentra en granos, semillas y nueces. Cuando se activa, rompe el ácido fítico y las lectinas, liberando vitaminas y nutrientes que éstos mantienen encerrados.

 

Cocinar los granos no es suficiente para liberar la fitasa y reducir el ácido fítico: Hay que utilizar otros métodos:

 

- Remojar: ¿Eres una de esas personas a las que la avena le da gastritis? ¡No eres el único!  Algunos granos como la avena o el arroz integral se deben remojar durante la noche para ser consumidos al día siguiente. Al remojarse durante la noche, estos alimentos se “pre-digieren”, abriendo la piel para exponer los nutrientes y deshaciéndose de los ácidos que causan la indigestión. Para que funcione este método, los granos se deben remojar en un medio ácido en agua tibia. Se puede utilizar bicarbonato o un poco de sal durante el remojo.

 

- Germinar + Cocinar: Fríjoles, trigo, cebada y garbanzos son granos que deben ser germinados.  Aunque toma tiempo (2 a 4 días), ¡los beneficios son increíbles!  No solamente se minimizan los ácidos que dañan nuestro intestino, sino que también se liberan más vitaminas y no nos da gas: ¡Ya no olemos a muerto! Y, ¡estamos bien nutridos!  Yo incluso germino las almendras y las semillas de girasol: ¡Deliciosas!

 

La manera de germinar es remojar por 8-12 horas los granos en agua con bicarbonato, lavarlos bien, y ponerlos en un colador con una toalla mojada encima -que esté bien limpia, ¿no?-.  La idea es que se encuentren húmedos, pero no nadando en agua porque se pudren y ahí se pierde la platica.

 

Cada 6 horas se lavan porque los almidones salen en forma de una babita/espuma que hay que quitarles. Se repite el proceso = Lavar, meter al colador, tapar con toalla mojada y esperar cada 6 horas hasta que germinen.  No deben estar al sol sino en un espacio con luz indirecta.  A los 2 - 4 días (dependiendo de la temperatura ambiente), cuando les salga la raíz, se pueden cocinar normalmente… ¡y saben igual de sabroso!

 

Espero que este artículo te sirva para tener más esperanza y mejor digestión.  ¡La vida sí es más rica con frijolitos!

¡Namaste!

Silvia

 











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