¡Adiós al estigma de la locura en salud mental!

5 de Febrero del 2016
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Por: AGENCIA MEDICAL Indisoluble de la salud física es la salud mental, así como se cuida el cuerpo, es necesario velar por las emociones, las sensaciones y los comportamientos. Hay quienes lo confunden con rebeldía, otros con una forma de llamar la atención y, por ese motivo, suelen ignorarlos, dejarlos aislados y hasta aplican eso de “déjelo, eso se le pasa solo”. Llanto o expresiones como “no sé por qué me siento así”, “me quisiera morir”, son frecuentes en aquellas personas que experimentan depresión, una patología más frecuente de lo que muchos creen y que a nivel local y mundial, afecta a una parte importante de la población. En Antioquia, por ejemplo, se calcula que los trastornos depresivos afectan entre el 4 y 5% de la población, y en el mundo, señala la Organización Mundial de la Salud, OMS, afecta a cerca de 350 millones de personas. El psiquiatra y profesor de la Universidad de Antioquia, Antonio Carlos Toro, advierte que la depresión es uno de los trastornos mentales que más se ven en consulta, pese a que las personas todavía no visitan al especialista con la frecuencia que deberían por temor al estigma. Aún existe esa idea errada de que ir al psiquiatra es solo para los ‘locos’. Agrega Toro que la población más susceptible a desarrollarla son pacientes jóvenes y hay un segundo pico en los adultos mayores, razón por la que hacer zoom sobre esta enfermedad es asunto de vital importancia. ¿Cómo identificar la depresión? Una línea muy bien definida separa a esta enfermedad de esa tristeza que, naturalmente, experimentan los seres humanos. Cabe aclarar que la tristeza responde a esa sensación incómoda, producto de un evento negativo, es pasajera y no limita el desempeño normal. Explica el Manual de Depresión y Suicidio del Hospital Universitario San Vicente Fundación, que “la depresión es una enfermedad del cerebro que puede llegar a comprometer nuestro funcionamiento en la mayoría de actividades de la vida diaria. Los síntomas de la depresión son más profundos y duraderos y alteran la capacidad que tenemos para realizar nuestras actividades diarias”. Así como entre las causas de esta enfermedad se encuentran factores sociales o ambientales como violencia, trauma, altas cargas de ansiedad y consumo de sustancias psicoactivas y alcohol, la depresión también tiene una carga biológica y genética. En la primera, los sitios del cerebro encargados de mantener regulado estado de ánimo se alteran. Respecto a la carga genética, señala Esteban Uribe, psiquiatra y profesor de la Universidad de Antioquia, que “un factor de riesgo de la enfermedad es la historia familiar de depresión, es decir, si tengo un familiar con depresión tengo un riesgo de 1.5 a 3 veces mayor que la población normal de tener un trastorno depresivo”. Además del estado de ánimo, la enfermedad tiene síntomas físicos, entre ellos, dolor de cabeza, de espalda, de estómago, todos han motivado consulta al médico y pese a los medicamentos no hay mejoría. También se habla de cambios en el sueño, en el apetito, dificultades de concentración, pérdida del deseo sexual, del interés, incapacidad para disfrutar, disminución de la energía, ideas de desesperanza, muerte y suicidio. Este último es el desenlace más severo, si no se trata a tiempo la enfermedad. “Cuando una persona presenta durante dos semanas consecutivas, cinco o más de estos síntomas hablamos de depresión. Hay que tener en cuenta que esta enfermedad es más frecuente en mujeres que en hombres, con una relación de dos a uno y su edad media de aparición son los 27 años”, destaca Uribe.

Además del estado de ánimo, la enfermedad tiene síntomas físicos, entre ellos, dolor de cabeza, de espalda, de estómago, todos han motivado consulta al médico y pese a los medicamentos no hay mejoría.
Otras enfermedades frecuentes Si bien en la región la depresión ocupa el primer lugar cuando se habla de patologías mentales, entre otras de las más frecuentes están: Trastornos de ansiedad. La ansiedad es normal y necesaria porque tiene un papel protector frente a situaciones que generan una amenaza, no necesariamente de muerte. Sin embargo, hay pacientes en los que los niveles de ansiedad son tan altos que provocan alteraciones en su vida diaria, como preocupación excesiva por situaciones cotidianas, alteración del sueño y del apetito, irritabilidad e incapacidad para tener actividades placenteras. “No son capaces de poner la mente en blanco y no estar pensando en nada. El corazón les corre mucho, se les hace difícil la respiración, tienen sudoración, temblor, diarrea y la evitación es uno de los síntomas más importantes, por ejemplo, no hablan en público, con el jefe o con la persona que los atrae para evitar ansiedad”, explica Toro. Estrés postraumático. Igual que en la patología anterior, la evitación es característica de este trastorno, con la diferencia de que previamente la persona ya ha estado expuesta a un evento en el que su vida o integridad estuvieron en riesgo. Señala la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos, que este trastorno se puede presentar luego de vivir o ver eventos traumáticos como la guerra, huracanes, abusos físicos o un accidente grave y puede causar problemas como: flashbacks o el sentimiento de que el evento está sucediendo nuevamente, dificultad para dormir o pesadillas, sentimiento de soledad, explosiones de ira, preocupación, culpa o tristeza”.
La depresión es uno de los trastornos mentales que más se ven en consulta, pese a que las personas todavía no visitan al especialista con la frecuencia que deberían por temor al estigma.
Abuso o dependencia de sustancias psicoactivas y alcohol. Si bien antes eran denominados malos hábitos, desde 1997 son reconocidos por la OMS como enfermedad. Entre las señales que indican que ya hay problemas con el consumo de estas sustancias se cuentan la presencia de problemas personales, laborales, académicos y de salud, también se tornan irritables, se concentran menos, pierden el apetito y hay cambios en los hábitos de alimentación. Por su parte, los consumos de estas sustancias y el trastorno por abuso o dependencia hacen que aparezca, en algunos casos, la depresión asociada al alcoholismo. Trastorno de atención e hiperactividad. Por lo general, a consulta llegan los niños inquietos, que alteran la normalidad en el salón de clases. Sin embargo, en este trastorno, advierte Toro que lo más complicado es el déficit de atención porque hay problemas en el aprendizaje. “Las niñas no son tan hiperactivas, pero tienen más déficit de atención, entonces casi no las llevan a consulta porque dicen que son juiciosas, calladas, pero el rendimiento académico es regular. En estos casos los profesores y los padres deben estar con los ojos muy abiertos y pendientes del desempeño académico. Deben consultar y romper el estigma con la consulta por psiquiatría”, dice el experto. Frente a todo este panorama no significa que “estemos locos Lucas”, como diría el recordado personaje. En salud mental ocurre lo mismo que con enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, “este tipo de patologías mentales las desarrollan quienes tienen vulnerabilidad y un factor ambiental desencadenante. Las enfermedades mentales no son debilidad de carácter, son problemas de salud que tienen impacto social y familiar, por eso, la búsqueda de ayuda temprana es un factor determinante para identificarlas a tiempo”, concluye Uribe. Así las cosas, para conservar una buena salud mental los expertos recomiendan practicar actividad física de manera frecuente, mantener un adecuado contacto familiar, pues es la red de apoyo más cercana, llevar una vida de pareja estable, practicar actividades lúdicas, pertenecer a algún grupo social, disfrutar el trabajo y no descuidar la vida espiritual.











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